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viernes, 6 de diciembre de 2013

Vida y Muerte Visión espirita. Tributo a..Nelson M

Cuentan que el príncipe Siddharta Gautama, después de su iluminación, interrogó oportunamente a sus discípulos, preguntando qué era lo opuesto a la muerte, y ellos contestaron que era la vida.

Después de reflexionar por un momento, el noble maestro explicó, tranquilo, que el inverso de la muerte era el renacimiento, ya que siempre estamos en la vida, la cual deambula a través del cuerpo físico y fuera de él.
En realidad, la vida biológica experimenta, inevitablemente, su disgregación cuando ocurre el fenómeno de la muerte, que libera al Espíritu inmortal de la cápsula en la que se enclaustra....



Viajero del tiempo y del espacio, navega los océanos de energía, energía pensante en la que él, se viste, se desnuda  y se reviste de materia orgánica para el ministerio de la evolución, en cuyo curso se encuentra inscrito.

La vida, por lo tanto, desde que es creada por Dios, jamás se extingue, cambiando constantemente de forma de acuerdo con los instrumentos que utiliza, hasta lograr el estado de plenitud o alcanzar el Reino de los Cielos.
La inevitabilidad de la muerte biológica debe constituir una cuestión de fundamental importancia en las reflexiones de todas las criaturas, teniendo en cuenta que llegará el momento en que será alcanzado por ella.

Dependiendo de las circunstancias y de los factores que la desencadenan, la muerte fue transformada en tabú, como si fuese una verdadera desgracia, cuando es simplemente una puerta que se abre en dirección a la realidad...
La concientización de la transitoriedad del cuerpo somático, elaborado por el Divino Amor Para que se constituyera en el suelo fértil para la fecundación y desarrollo de los atributos adormecidos en el Espíritu, representa una conquista valiosa para la armonía del ser durante el aprendizaje terrestre.


Proporcional al respeto que se le dedica a la estructura orgánica, se obtiene una existencia equilibrada o atribulada, lo cual proporciona una liberación fácil o tardía, dependiendo de la manera como haya utilizado su cuerpo. De esta forma, la muerte no significa el fin de la vida, sino la bendición del renacimiento en otra dimensión pletórica de vibraciones y de progreso.

Si no fuera de esta forma, todo proyecto de realización del ser humano perdería su gran significado, cuando la  desoxigenación cerebral anulase las continuas modificaciones celulares.
El ser humano tiene como destino la conquista del infinito, y ese objetivo no puede ser alcanzado solamente en una etapa, considerando la incontable pluralidad de constelaciones y de galaxias, que el Padre creó para que sirviesen de morada a Sus hijos…

El sentido psicológico del existir, igualmente sería afectado, debido al pequeño espacio entre la cuna y el túmulo, preludio del aniquilamiento de la inteligencia de la razón, teniendo en cuenta la eternidad…
La muerte, por lo tanto, es renacimiento, sueño momentáneo que posibilita el despertar en un nuevo campo vibratorio.

Aquellos seres queridos que han muerto, en realidad no se consumieron, conforme lo establecen algunas corrientes del materialismo, anulando la grandeza de la vida. Ellos viven y esperan por ti, acompañándote y auxiliándote en la adquisición de los tesoros inmarcesibles de las virtudes espirituales.
Ellos resguardan a los seres queridos, siendo poseedores de una visión más amplia en torno de la realidad que enfrentan, y les agradaría que también fuese conquistada por los seres queridos que aún están en la retaguardia.

Por esta razón, nos animan en medio de las pruebas, ofreciéndonos sus brazos amigos e inspiración continua para que permanezcamos en paz, en medio del rugir de las borrascas peligrosas que se desatan sobre nuestras existencias con cierta frecuencia...

Pero no todos son felices, como se puede comprender fácilmente.
Cada uno despierta conservando los valores con los cuales se adormeció.
Todos los títulos de mérito o demérito permanecen válidos para aquel que los poseyó durante la jornada carnal, después de su descenso al túmulo.
De esta forma, los Espíritus venturosos de hoy son aquellos que se empeñaron en el culto de los deberes elevados, que transformaron su existencia en una hermosa escuela, en la cual desarrollaron la inteligencia y enternecieron el corazón, transformándose en una sinfonía viva del amor.

Aquellos otros, por tanto, que en la existencia terrestre solamente cultivaron los sentimientos negativos, atados a las pasiones nefastas, profundamente vinculados a los vicios, con dificultad se separarán de los despojos en degradación, dando paso a las alucinaciones en las cuales se complacían.
Son infelices y siembran infelicidad, ya que se acercan a las criaturas que vibran en su mismo diapasón, inspirándoles ideas perturbadoras, intoxicándoles con sus fluidos deletéreos, induciéndoles en situaciones deplorables y sometiéndolos, muchas veces, a sus caprichos infelices...

Desconociendo los recursos de elevación o negándolos, yacen en la cárcel de la propia insania, prolongando los padecimientos que los visitaran antes de la desencarnación y que les obstaculizan la alegría y la esperanza...
Sin embargo, no permanecen eternamente en ese estado de mezquindad y aflicción, porque la misericordia del Padre les busca, impulsándolos a los renacimientos expiatorios por medio de los cuales se depuran y se renuevan.

La muerte, por tanto, no debe ser considerada como un desafortunado acontecimiento de la vida, sino al contrario, como la reveladora de la realidad espiritual, en la cual, todos se encuentran inmersos.
Por esto mismo, morir no es conquistar una ventura excelsa, si antes no se atesoró sus pródromos en forma de amor, abnegación y vivencias dignas durante la jornada terrestre.

Cada criatura, por lo tanto, muere conforme vivió, y despierta tal como murió.
No esperes milagros en la desencarnación, cuyo objetivo es conducir hacia el Gran Hogar al aprendiz que viajó antes en la dirección de la escuela terrestre, donde debió haberse mejorado y crecido moralmente.
Cultiva el pensamiento en torno a la desencarnación como una bendición que un día te alcanzara, y no te permitas temerle.

Recuerda a aquellos que se apartaron físicamente de ti pero que no te abandonaron, tratando de sentirlos, captar sus pensamientos y sus emociones cuando son felices, y, si por acaso les percibes las aflicciones, envuélvelos en dulces vibraciones de amor y de ternura por medio de la sublime emanación de la oración, lo cual les hará un gran bien.

Joanna de Angelis

Mensaje Psicografiado por el médium Divaldo Pereira Franco, en la mañana del 22 mayo 2009, en la residencia del Sr. Josef Jackulak en Viena.
Nota: Siddharta Gautama es el nombre de pila del Maestro Buda.
Texto elaborado por la asociación espirita tercera revelación-Bogotá-Colombia.