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viernes, 11 de abril de 2014

entr # 16 Tiempos de Agonía. (J. Herculano Pires).


El desenvolvimiento de la humanidad está dividido en etapas de agonía y de muerte, seguidas de fases más estables de resurrección y de reconstrucción. Las fuerzas que determinan esa espantosa sucesión se hallan en la misma criatura humana. Sería inútil que buscáramos una explicación teológica fundada en las supuestas iras de Dios o de la justicia divina, como igualmente sería inútil procurar encuadrarla en las brillantes teorías relativas a la influencia de los ritmos telúricos. 


La misma doctrina aristotélica de la generación y corrupción no podría darnos los elementos concretos del fenómeno. Según Toynbee, las civilizaciones se desarrollan en las líneas conceptuales de una religión fundamental y entran en agonía cuando se desvanece su poder vital. La relación sociedad-religión parece perfectamente válida, pero no nos ofrece el secreto de esa extraña mecánica de la agonía.
Los procesos socio-culturales de cada civilización tienen su fuente de origen en el hombre, pues la sociedad se presenta objetivamente como un conglomerado humano. Por tanto, es evidente que el ritmo agónico debe estar ligado a las entrañas y al psiquismo del hombre. Como ahora estamos viviendo, precisamente, en una de las curvas agudas de ese ritmo -tal vez la más aguda por la que ha pasado la humanidad-, el momento es propicio para examinar el fenómeno en vivo, palpando con los dedos sus elementos determinantes. La agonía actual de las religiones es generalmente considerada como una resultante de la situación crítica de la sociedad en su acelerado desarrollo tecnológico.

El mundo de lo superfluo, en contradicción con el mundo de escasez, que conforma la estructura social en que vivimos, llevaría a la civilización actual a un callejón sin salida. Las religiones agonizan porque el hedonismo social y la correspondiente pedantería cultural vaciaron igualmente las arcas metálicas de los ricos, los baúles de creencias y credulidades de los pobres, las ansias de éxito de la clase media de la sociedad, las fuentes de riqueza del planeta, como así también el conjunto de sueños sobre la Luna y las esperanzas de un cielo convertido en fríos desiertos siderales en los que giran mundos áridos y despoblados.
Inviértese la tesis de Toynbee. Las religiones serían generadas y mantenidas por las civilizaciones, como la miel por las comunidades de las abejas. Dios, hijo del hombre, está muerto, según manifiestan los teólogos más avanzados. Y mientras los religiosos vuelven a matarse recíprocamente en nombre del Dios muerto, las grandes potencias de la civilización preparan, sin otra perspectiva, los funerales atómicos de la Tierra. La opresión estatal ahoga al hombre en las áreas capitalistas y socialistas. El Leviatán, de Hobbes, amenaza al mar, a la tierra y al cielo; ¿Como descifrar el enigma de estos tiempos apocalípticos cuando el propio acto de pensar parece estar sujeto a controles telepáticos? Los defensores de la libertad se convierten en terroristas y secuestradores o en líricos distribuidores de flores mustias perfumadas con las palabras muertas de amor y paz. La inocencia de los niños se pierde en la vorágine de la criminalidad infantil, y los ancianos quebrantados y de ojos vacíos no encuentran más en los templos los estímulos de la fe que los alentó en la infancia, en la adolescencia, en la juventud y en la madurez. Los padres sin sotanas y las monjas sin hábitos, los monjes sin escapularios y los santos casados ya no pueden consolar a los creyentes.
¿Qué es lo que acontece para que todo se subvierta de esa manera total y violenta? ¿Fue la muerte de Dios que vació al mundo o fue el vacío del mundo que mató a Dios?
¿SABÍAS QUE? (dice la imagen)
Guerra nuclear en la antigüedad.
El mahábharata, un libro antiguo, relata que existió en la antigüedad una guerra nuclear, describiendo en detalle donde  fue y como se llevo a cabo. Investigaciones actuales están confirmando esta información, donde pueden verse las consecuencias de explosiones nucleares hace mas de 12.000 años en el desierto thar,, harappa y mohenjo-daro (India y Pakistán) 

Las estructuras sociales son coercitivas. Desde el clan a la tribu y a la horda, y de ésta a la civilización, la ley del aglomerado humano es una sola, más se desarrolla a un ritmo de presión creciente. La coerción aumenta en razón directa de la estructuración. Desde la cabaña del paje hasta la sacristía, la religión sigue ese mismo ritmo. La masificación del hombre en la sociedad moderna hizo el camino de retorno sobre las conquistas del individualismo ateniense. Esparta suprimió a Atenas.
Fragmento tomado del libro: la agonía de las religiones,  (J. Herculano Pires).
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