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martes, 17 de junio de 2014

entr # 21 Somos lucigénitos.

 Y porque de luz nacidos, de luz nos alimentamos.
Desde el magno momento del “Hágase la luz!”1, Génesis: Cap. I, v.3. De ella fuimos creados, simples e ignorantes (2), “El Libro de los Espíritus”: cuestión 115. Objetivándose nuestra evolución, que se da por el auto-esfuerzo. Así es que, las luces de la luz van alumbrándonos la conciencia, dándonos oportunidad de felicidades parciales, en el ante gozo de la plena, absoluta felicidad, que no es de este mundo psíquico en que estacionamos, sino del mundo psicológico por el cual anhelamos.


 Desde la creación de la luz por Dios es que vamos transitando, paso a paso, sus escalones de intensidad, en instintiva búsqueda de más iluminación.
Los que van, por la precedencia, alcanzando grados de luz más intensa, aman (porque el amor es el más alto grado de luz), iluminándonos la retaguardia, rumbo a la vanguardia por alcanzar. Puro acto de amor natural: el iluminado iluminando a todo y a todos los que con él sintonizan.
 La ignorancia (tinieblas) siendo diluida por la sabiduría (luz). Ejercicios evolutivos (reencarnaciones) nos van propiciando destellos de luz, que se van acumulando, acumulando en Dios. Comparece Sor María Angélica con su contribución de luz representada en este nuevo libro, buscando hablar más de cerca a nuestro corazón. Habla de la luz en su aspecto más importante: la iluminación de nuestras conciencias.
 Destellos de luz = experiencias vividas que iluminan. En estos tiempos en que el Espíritu de Verdad vive entre nosotros, estableciendo metas vivenciales en nosotros; en estos tiempos fatigados en que distanciamos de nosotros el amor, luz que archivamos en nosotros; en estos tiempos en que tenemos miedo de amar, la Doctrina Espírita va, cual antorcha de la Verdad, espantando las tinieblas, iluminándonos de saber.
El Consolador Prometido (3),- Evangelio de Juan: Cap. XIX, vv. 15 a 17, 26 (Notas del Autor Espiritual). Se presenta en la Doctrina Espírita, Codificada por el emérito Profesor Lyonés Allan Kardec, que tiene en María Angélica un baluarte, uno más, iluminador.
 Ella trae, en este libro, los “Destellos de Luz” de sus experiencias, para que la unión se sintonice en la Luz Divina. Teniendo, pues, por base la Obra Kardeciana, Consoladora de todos nosotros, este “Destellos de Luz” viene a concitarnos a profundas reflexiones en cuanto a nuestra iluminación, pues es cierto que, solamente a través de ésta, es que obtendremos la paz.
Armand de Cohen - Espíritu.
FRAGMENTO TOMADO DEL LIBRO DESTELLOS DE LUZ. (Varios espíritus), (Reynaldo leite)
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